Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 16

En la olla exprés el agua no hierve a 100 °C

En una olla exprés, el agua no hierve a 100 grados. Hierve a unos 120. ¿Cómo es posible, si el agua siempre hierve a 100?

En 1679, en Londres, el francés Denis Papin presentó el digestor de vapor: una olla de hierro cerrada a cal y canto que ablandaba hasta los huesos. Para que no reventara, le puso una válvula de seguridad con un peso encima. Esa idea acabó en las calderas de vapor.

¿Pero cómo lo consigue?

Para hervir, el agua tiene que formar burbujas de vapor que empujen contra la presión de encima. Con la olla abierta, empujan contra el aire: 100 grados.

Ahora cierra la tapa. La junta de goma sella y el vapor no puede escapar. La presión sube, y el agua necesita más temperatura para hervir. Con un bar de más, unos 120 grados.

Para que no suba sin fin, está la válvula: un peso o un muelle que se levanta y suelta el vapor sobrante. Es el famoso chuchú. Así la presión se queda fija.

Y aún hay más. Si la válvula se atasca, hay otras válvulas de seguridad de repuesto. Y la tapa se bloquea: no se puede abrir mientras quede presión dentro.

Esos 20 grados de más lo cambian todo: la comida se hace unas tres veces más rápido. Y el nombre de olla exprés viene de la patente de un zaragozano, José Alix, hace más de 100 años.

El dato más loco

Funciona también al revés. En la cima del Everest hay tan poca presión que el agua hierve a unos 70 grados. Por eso los alpinistas suben ollas a presión.

Así que esa olla no está llena de lentejas. Está llena de ingeniería.

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