Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 15

Lo que evita que tu baño huela a alcantarilla es… agua quieta

Lo que evita que tu baño huela a alcantarilla no es una válvula ni un filtro. Es un poco de agua quieta.

En 1596, John Harington publicó cómo hacer un váter con cisterna. Hasta le instaló uno a su madrina, la reina Isabel primera. Pero por el desagüe subía todo el olor del pozo negro.

¿Pero cómo se tapa un tubo sin cerrarlo?

En 1775, el relojero escocés Alexander Cumming patentó la solución: doblar el tubo en forma de ese.

En la curva siempre se queda atrapada un poco de agua. Ese tapón deja pasar lo que cae desde arriba, pero no deja subir los gases de la alcantarilla. Es el cierre hidráulico, o sifón.

Por eso un desagüe que no se usa en meses empieza a oler: el agua se evapora y el tapón desaparece.

Y aún hay más. Al tirar de la cadena, la cisterna suelta varios litros de golpe. Esa avalancha arrastra todo por la curva. Y en los váteres sifónicos, el tubo se llena entero y hace de sifón: lo aspira todo de un tirón. El glu-glu del final es el aire que entra y rompe el sifón.

Luego, un flotador baja con el agua y abre el grifo de la cisterna. Cuando el agua lo vuelve a subir, lo cierra. Como en un depósito.

Las cisternas antiguas gastaban hasta 12 litros en cada descarga. Las de doble pulsador usan seis, o solo tres con el botón pequeño.

El dato más loco

Mucha gente cree que el váter lo inventó un fontanero de Londres llamado Thomas Crapper. Falso. Él solo patentó mejoras, más de un siglo después de Cumming.

Así que tu váter no está lleno de agua. Está lleno de ingeniería.

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