Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 9
Lo que impide que un tren descarrile no es el borde de sus ruedas
Lo que impide que un tren descarrile en las curvas no es el borde de sus ruedas. Es un truco mucho más sencillo.
Mira un eje de tren: las dos ruedas van unidas a la misma barra y giran a la vez. No hay diferencial, como en un coche.
Pero en la curva, la rueda de fuera recorre más camino que la de dentro. Si fueran cilindros, una tendría que patinar, chirriando.
¿Cómo lo resuelve sin diferencial?
Las ruedas del tren no son cilindros: son conos. Más anchas por dentro, junto al borde, y más estrechas por fuera.
En la curva, el eje se desplaza un poco hacia fuera. La rueda exterior apoya en su parte ancha y en cada vuelta recorre más. La interior, en la estrecha, recorre menos. El eje gira solo, sin patinar.
En recta pasa igual: si el eje se va hacia un lado, los conos lo devuelven al centro, con un ligero vaivén que se llama lazo.
¿Y la pestaña, ese borde? Es solo un seguro para curvas muy cerradas. Cuando roza, oyes el chirrido.
Y aún hay más: en España, los raíles se inclinan hacia dentro 6 %, para apoyar justo en el cono. Y en las curvas, el de fuera va más alto: hasta 16 centímetros.
El Nobel Richard Feynman lo explicaba en la BBC en 1983.
El dato más loco
En una curva que diera la vuelta completa, la rueda de fuera recorrería unos 10 metros más que la de dentro. Da igual lo grande que sea la curva.
Así que una rueda de tren no es un simple disco de acero. Es un cono lleno de ingeniería.