Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 22
El acero que se repara solo se descubrió por accidente
Si rayas un cuchillo inoxidable, su escudo se repara solo en cuanto le da el aire. Y ese acero se descubrió buscando otra cosa.
Sheffield, Inglaterra, 1913. Harry Brearley buscaba un acero para cañones de fusil que no se desgastara. Probaba mezclas de hierro con cromo.
Para verlas al microscopio, las atacaba con ácido. Pero una, con casi 14 % de cromo, no se dejaba. La metió en agua, en vinagre, en zumo de limón... y seguía brillando.
¿Pero cómo puede un metal no oxidarse?
El hierro normal se oxida, y el óxido abulta, se agrieta y se cae en escamas. Debajo queda hierro nuevo al aire, y vuelta a empezar.
Pero con más de 11 y medio por 100 de cromo, el cromo se adelanta: se oxida primero y forma una capa finísima y sin grietas que sella el metal.
Y si la rayas, el cromo que queda al aire se oxida al momento y la capa se vuelve a cerrar. Se repara sola.
Y aún hay más: casi a la vez, en Alemania, Krupp patentó otro inoxidable con 18 % de cromo y ocho de níquel. El famoso 26 de los cubiertos.
Hoy se fabrican más de 60 millones de toneladas al año. Está en quirófanos y cocinas, porque es liso y se limpia fácil.
El dato más loco
Esa capa mide entre uno y tres nanómetros. Decenas de miles de veces más fina que un pelo.
Así que el acero inoxidable sí se oxida... pero solo lo justo para protegerse. No está lleno de magia, está lleno de ingeniería.