Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 7
El boli que tienes en la mesa triunfó gracias a los pilotos de guerra
El boli que tienes en la mesa se inventó para que los pilotos de guerra pudieran escribir sin mancharse. Y todo empezó en la redacción de un periódico.
Años 30, Budapest. László Bíró, periodista, se pasaba el día con plumas estilográficas: goteaban, manchaban y había que esperar a que la tinta secara.
Pero en la imprenta veía otra tinta, la de los periódicos, que se secaba casi al instante. El problema: era tan espesa que no bajaba por una pluma.
¿Cómo meter esa tinta en un lápiz?
Con su hermano György, que era químico, dio con la clave: una bolita diminuta en la punta. La bola gira como la de un desodorante roll-on: por arriba se moja en la tinta, y por abajo la deja en el papel.
Además, la bola tapa la punta: la tinta no se seca dentro ni gotea. Solo sale cuando la bola rueda. Por eso un boli normal no escribe boca abajo: la tinta baja hacia la bola por gravedad.
Lo patentaron en 1938, y huyeron de la guerra a Argentina. Allí, la aviación británica les compró miles: en las alturas, las plumas de los pilotos se vaciaban por el cambio de presión. Los bolis, no.
Y aún hay más: ¿ves el agujerito del capuchón? Está para que se pueda respirar a través de él si un niño se lo traga. Y el tubo tiene otro: deja entrar aire para que la tinta pueda bajar.
El dato más loco
Dicen que la NASA gastó millones en un boli espacial mientras los rusos usaban lápices. Falso. Lo pagó una empresa privada, y al final lo usaron los dos, porque el lápiz suelta polvo que conduce la electricidad y arde.
Así que no es solo un boli. Es una bola que rueda con ingeniería dentro.