Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 17

El balón del Mundial 2010 era tan perfecto que nadie lo controlaba

El balón del Mundial de 2010 era tan redondo y tan liso que nadie podía controlarlo. Ni los porteros.

Se llamaba Jabulani. Los balones clásicos llevaban 32 paneles cosidos. Este, solo ocho, pegados con calor, sin una puntada. Pero en Sudáfrica los tiros hacían eses en el aire, y el portero de Brasil, Julio César, dijo que parecía una pelota de supermercado.

¿Pero cómo puede un balón perfecto volar peor?

Es lo mismo que en la pelota de golf. Pegada al balón viaja una capa finísima de aire, la capa límite. Si va tranquila, se despega pronto. Si se revuelve y se vuelve turbulenta, aguanta pegada mucho más.

Lo que la revuelve son las costuras. Y el Jabulani tenía la mitad que un balón clásico: dos metros frente a cuatro. Así que el cambio le llegaba justo a unos 80 kilómetros por hora, la velocidad de un tiro de falta.

Si el tiro va sin girar, el aire se despega antes por un lado que por el otro, y cambia a cada instante. El remolino de detrás empuja de lado, de repente. El balón baila y el portero no sabe dónde irá.

Y aún hay más. La NASA lo metió en un túnel de viento, y en Japón lo midieron con un robot que chuta. Salió el más inestable.

Para el Mundial de Brasil llegó el Brazuca: seis paneles, pero costuras más largas, tres veces más hondas y la piel llena de granitos. Volaba estable.

El dato más loco

La pelota de golf y el balón usan el mismo truco. A la de golf, los hoyuelos la hacen volar el doble. Al balón, las costuras lo llevan donde tú quieres. Un balón perfecto... es un mal balón.

Así que ese balón no está lleno de aire. Está lleno de ingeniería.

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