Curiosidades de la Ingeniería · Curiosidad nº 18
Una pelota de tenis lleva pelo… para volar peor
Lleva pelo. Y ese pelo está ahí para que vuele peor. Justo lo contrario que los hoyuelos de la pelota de golf.
Primero eran de cuero, rellenas de lana. Luego, de goma, que botaba de maravilla. Y hacia 1875, el inglés John Heathcote las forró de franela, para que duraran más. Sin saberlo, les había puesto un freno.
¿Pero cómo puede frenar un poco de pelo?
El pelo es fieltro, de lana y nailon. Al volar, el aire se despega por detrás y deja un remolino que tira de la pelota hacia atrás. Y cada pelito es un obstáculo más que el aire tiene que empujar.
Rabindra Mehta, ingeniero de la NASA, lo midió en un túnel de viento: el pelo pone hasta el 40 % del freno. Frena más que una bola lisa. Y así se controla, aunque salga a más de 200 kilómetros por hora.
Y aún hay más. El pelo se agarra a las cuerdas y la hace girar. Con el liftado, el giro empuja el aire hacia arriba, el aire la empuja hacia abajo, y cae en picado dentro de la pista.
Por dentro va hueca, con aire a casi el doble de presión que fuera. Por eso se venden en botes a presión. Al abrirlos, empiezan a perder aire, y en unas semanas ya no botan igual.
Con los golpes, el pelo se esponja y frena todavía más. Por eso en los grandes torneos las cambian cada nueve juegos. En Wimbledon gastan unas 54.000.
El dato más loco
Antes de sacar, los tenistas miran varias pelotas. Buscan la del pelo más aplastado. Frena menos... y sale más rápida.
Así que esa pelota no está llena de pelusa. Está llena de ingeniería.